La moda… ¿no incomoda cuando ignora?

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De una necesidad personal a una propuesta de transformación social

CONFERENCIA. UNIVERSIDAD DE PALERMO.

SEMANA INTERNACIONAL DEL DISEÑO. JULIO 2026

Es un verdadero honor compartir este espacio en la Semana Internacional del Diseño de la Universidad de Palermo. Voy a comenzar contándoles una historia, aunque no es la historia de una diseñadora. Es la historia de una joven de veintitrés años que, después de un accidente automovilístico, descubrió que el mundo no estaba pensado para ella.

Todavía estaba internada cuando me trajeron una revista. Comencé a hojearla y me detuve en una fotografía en la que aparecían unos hermosos zapatos con taco alto. Y lloré… Lloré porque pensé que nunca volvería a usarlos.

Mi hermana entró justo en esos momentos en la habitación, me vio llorando y, con el cariño y el humor que sólo tienen quienes nos conocen profundamente, me dijo: «Pero por qué lloras? Si ya taconeaste bastante.»

En ese momento yo creía que estaba llorando por que no iba a poder usar más un par de zapatos como esos de la fotografía. Con los años comprendí que estaba llorando por algo mucho más profundo, ya que estaba descubriendo que, cuando el diseño no contempla la diversidad humana, muchas personas quedan afuera sin que nadie lo advierta.

Meses después asistí al casamiento de una de mis hermanas. Quería sentirme linda, elegante, como cualquier mujer. Sin embargo, el pantalón que había podido elegir y comprar para usar esa noche se subía al estar sentada y dejaba al descubierto las vendas y medias que cubrían mis piernas.

Aquella incomodidad me hizo comprender que la ropa también puede excluir.

Aunque, dentro de la adversidad, tuve el privilegio de no recorrer ese camino sola. Mi mamá era modista, por lo que, cuando el mercado no ofrecía respuestas, nos sentábamos frente a su máquina de coser y comenzábamos a crearlas. Cada costura modificada era mucho más que un arreglo. Era una manera de devolverme autonomía, comodidad y autoestima.

Sin saberlo, allí comenzó un camino que años después me llevaría a desarrollar propuestas de Diseño Universal aplicadas a la indumentaria.

Con el tiempo comprendí que el problema no era sólo mío, que miles de personas atravesaban situaciones similares. Personas usuarias de silla de ruedas, personas con diferentes discapacidades, personas mayores, personas con enfermedades temporales, niñas y niños, familias enteras.

Y entonces dejé de preguntarme: «¿Por qué la ropa no está pensada para mí?» Y comencé a preguntarme: «¿Cómo podemos diseñar ropa para todas las personas?» Esa pregunta cambió mi vida.

Mis diseños comenzaron a recorrer distintos espacios. Tuve el honor de ser seleccionada como diseñadora representante de la provincia de Buenos Aires en «Arte contra la Discriminación. Moda». Presenté mis trabajos en el Centro Cultural Recoleta y en un desfile realizado en el Palais de Glace.

Más tarde participé exhibiendo mis diseños en dos desfiles de moda inclusiva en el Hotel Sheraton de Buenos Aires. Uno de ellos contó con estudiantes de modelaje y otro con el maravilloso Grupo Alma, demostrando que el arte y la danza también pueden convertirse en espacios de inclusión.

También tuve la oportunidad de compartir esta mirada mediante conferencias, como la realizada en el Congreso Internacional de Discapacidad, en el Domo del Centenario de la ciudad de Resistencia, provincia de Chaco. Y uno de los momentos más emocionantes fue ver publicado mi artículo «El derecho a vestirse» en la revista mexicana «Apunta a la Inclusión», acompañado por fotografías del desfile en el Palais de Glace, en la ciudad de Buenos Aires.

Años después, aquella búsqueda nacida en una pequeña máquina de coser llegó hasta Elche, España, donde presenté mis diseños junto a creadores de varios países en el desfile «Moda H. Pon tu imagen de Moda».

Cada uno de esos espacios fue importante, pero no sólo por los escenarios, sino porque me confirmaron que la inclusión había dejado de ser un problema individual para convertirse en una conversación colectiva.

Quisiera compartir ahora otra historia más.

Mi sobrino Jonás nació con artrogriposis múltiple congénita. Durante toda su infancia, sus padres tuvieron enormes dificultades para encontrar ropa adecuada y hoy, siendo un joven adulto, continúa enfrentando ese desafío.

Hace poco me contó que la única ropa con la que realmente se siente cómodo es la indumentaria militar. Pero no por sus colores, aunque no le disgustan. Tampoco porque quiera vestirse de militar, sino porque esas prendas son amplias, poseen costuras que no generan molestias y permiten mayor libertad de movimiento.

Entonces comprendí algo. La solución ya existe, no necesitamos inventarlo todo, solamente necesitamos observar, aprender y adaptar.

¿Por qué no trasladar esas características a la ropa cotidiana? ¿Por qué no diseñar prendas que cualquier persona pueda elegir, independientemente de la forma de su cuerpo o de su movilidad?

Ese es, para mí, el verdadero desafío del Diseño Universal, no diseñar sólo para una minoría, sino hacerlo pensando en la enorme diversidad humana, porque todos somos diferentes. Y todos merecemos vestirnos con comodidad, autonomía y belleza.

Quisiera terminar con una reflexión, porque son muchas las personas que creen que la moda habla de tendencias, sin embargo, yo creo que la moda también habla de derechos: el derecho a elegir, el derecho a sentirse bien, a verse reflejado en aquello que el diseño ofrece.

Mi mayor sueño nunca fue desfilar, tampoco fue presentar mis diseños en distintos países. Mi mayor sueño sigue siendo que llegue el día en que ninguna persona vuelva a sentir que la ropa no fue pensada para ella y estoy convencida de que ese cambio comienza aquí, en las universidades, en las aulas, en los talleres,

En cada diseñador y diseñadora que decide preguntarse, antes de dibujar una prenda: ¿Quién podría quedar afuera si diseño solamente para un único tipo de cuerpo? Porque si esa pregunta comienza a formar parte del proceso creativo, habremos dado un enorme paso hacia una moda más humana.

Y cuando la moda se vuelve más humana, la sociedad también. Gracias… Muchas Gracias!

Con Amor! Silvia Mirta Valori

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